Un día cualquiera, yo, tú, cualquier madre mira a su alrededor, contempla el caos que la rodea y exclama: “¡Ahhhh! ¡No puedo más!”. Ropa por los rincones, juguetes desperdigados por todos lados, platos sucios en el fregador, la lavadora sin tender, aún sin saber qué comerá la familia ese día y de lo de sacar un rato para hacer un poco de ejercicio ya ni hablamos… La imagen que le devuelve el espejo no es además alentadora: las ojeras le llegan a los pies y una se pregunta si existe vida más allá de la coleta.

  • ¡Tengo que organizarme!

Porque desde el principio se asume que el problema debe estar en una, porque soy una desorganizada, una mala ama de casa, e incluso una madre irregular… Snif.

Pero bueno, no hay tiempo para el victimismo (no hay tiempo sin más). Algunas de nosotras, decididas a coger el toro por los cuernos, confiamos a Google nuestro problema con fórmulas variadas: cómo gestionar mejor el tiempo, cómo ordenar la casa en menos tiempo, sistema eficaz tareas domésticas, conciliar mejor, madres cansadas, bebé dormir, no puedo más… Todo ello con la esperanza de hallar un método que nos permita reducir nuestro estrés y agotamiento. Y todo ello, con una esperanza secreta e inconfesable que ni nos atrevemos a teclear en Google: sacar algo de tiempo para nosotras: 1 hora… 30 minutos… ¿Una ducha sin interrupciones?

Expertos del mundo: ¡dadme las respuestas ya!

Y ahí están los expertos en internet confirmándote lo que pensabas: en efecto, no haces nada a derechas, tu método es el antimétodo, tus rutinas domésticas el hazmerreir de la productividad y la eficacia, tu estilo de vida un mal ejemplo para el mundo, tu actitud errónea… Piénsalo: el día tiene 24 horas para todos. No es que tú no tengas tiempo, lo que ocurre es que no te organizas bien.

El problema está en ti y solo en ti 🙁

Pero, ¿esto es realmente así? ¿Seguro? ¿No hay algo que se remueve en ti al leer esto y esboza una protesta?

Porque creo que tú ya sospechas que este análisis no es justo.

Cuando se trata de madres, los expertos en gestión del tiempo no ven ni describen el cuadro completo.

Y te voy a explicar por qué:

#1. Una mujer tiene menos tiempo libre que un hombre.

Así de serie. Según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística las mujeres dedican 2 horas más al hogar y a la familia y tienen 1 hora menos de ocio que los varones. Así que, de entrada, si sientes que no tienes tiempo no es porque seas una desorganizada y mala planificadora sino porque eres mujer. La encuesta #concilia13F del Club de las Malasmadres concluyó un dato terrorífico: en España, las mujeres solo disponen de 54 minutos al día libres después de terminar todas sus tareas domésticas y profesionales ¿Aprovechamos nosotras ese tiempo y lo convertimos en un tiempo enriquecedor y reparador? ¿Sí? ¿No? Esa ya es otra cuestión. Pero este es el hecho (y, ojo, que ahora habla la ONU y no un club de feministas):

“Las desigualdades de género en el uso del tiempo son todavía altas y persistentes en todos los países. Al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres de los países en desarrollo trabajan más que los hombres, destinando menos tiempo a la educación, el ocio, la participación política y el cuidado propio. Pese a algunas mejoras logradas durante los últimos 50 años, prácticamente en todos los países los hombres destinan por día más tiempo al ocio, mientras que las mujeres dedican más tiempo a realizar tareas domésticas no remuneradas.” Hechos y cifras: el empoderamiento económico. ONU Mujeres.

#2. Las tareas de planificación y organización de la vida doméstica recaen en su mayoría sobre las madres.

Es lo que las feministas llaman la “carga mental”. El problema no es que no planifiquemos en absoluto sino que estamos desbordadas por una planificación constante que nos deja exhaustas y con el cerebro frito (por no hablar de la privación de sueño y sus consecuencias). ¿O no es planificar y organizar decidir qué va a comer la familia, agendar cumpleaños, prever la necesidad de ropa y zapatos nuevos para los niños, llevar el seguimiento de las vacunas, atender los requerimientos de la guardería o el colegio o hacer la lista de la compra?

Puede que no lo hagamos de la forma más óptima, eso seguro, pero no es justo no reconocer la enorme cantidad de tareas mentales que las madres tenemos que sacar cada día adelante. Los datos del estudio “Somos Equipo” son demoledores: El 54% de las mujeres declara ser la principal responsable de las tareas de planificación y de organización de la vida familiar, frente al 16,9% de los hombres. Y, ojo, no digo que no sea útil aprender a planificarnos y gestionar mejor el tiempo (sobre todo a establecer prioridades, quitarnos culpas y adquirir hábitos de autocuidado o automaternaje; lo considero esencial para no perder la cordura en esta etapa de la vida), digo que seamos justos y tomemos conciencia del trabajo mental, intelectual y emocional que conlleva tener una familia y un hogar y de su desigual reparto entre los dos miembros de la pareja. No contribuyamos a invisibilizarlo. Porque, muchas veces, las primeras que no lo vemos ni reconocemos somos nosotras.

Quédate con el concepto: carga mental.

#3. Para la mayoría, la maternidad de hoy es una maternidad marcadamente individual cuyo peso cae en la madre. Una pareja es un grupo social insuficiente para criar un bebé.

Así que cuando los señores expertos en dar tips sobre gestión del tiempo tiene la delicadeza de considerar tu situación “particular” como madre y te dicen que si estás quemada deberías delegar el cuidado de tu hijo e irte a desconectar aunque sean 30 minutos al día, deberían añadir consejos sobre cómo hacer de la maternidad una experiencia menos solipsista y más social. En mi opinión, una pareja es un grupo social insuficiente para criar un bebé. Si, por ejemplo, el papá no está disponible y no quieres abusar de los abuelos (si tienes ese suerte), ¿quién se va a cuidar al bebé mientras tú das ese paseo existencial que tanto necesitas? “¿Dónde está mi tribu?” canturreaba yo a mi bebé una madrugada. Pues eso. El bourn out de las madres (así empiezan a llamar los psicólogos al agotamiento extremo materno) no es un problema que pueda resolverse desde un enfoque individual sino que necesita una respuesta colectiva (en esta línea de resocializar la maternidad van los grupos en torno a la lactancia, los proyectos de barrio para fomentar la crianza cooperativa o incluso los coworking pensados para padres con hijos). Testando con amigas esta idea, me doy cuenta de que el grado de satisfacción de una madre con su maternidad depende en gran medida del grado de desarrollo de una “tribu” a su alrededor.

Nota: Este hecho me recuerda que es cuanto menos curioso que la segunda actividad de cuidado que más realizan los varones: llevar a los niños al parque, sea también la más social… Me viene a la mente esta reflexión de la socióloga Ann Meier, coautora de la investigación How Parents Fare. Mothers’ and Fathers’ Subjective Well-Being in Time with Children, American sociological Review: “Cuando las madres están con sus hijos, generalmente están solas. Cuando los papás están con los niños, es más probable que tengan a otros adultos cerca, que le ofrecen respaldo”. La soledad de las madres solo la entiende quien la ha sufrido. 

# Invisibilizar estos tres hechos es hacer trampa y va en detrimento del desarrollo de soluciones eficaces.

Como me dijo una amiga al leer un borrador de este post: mejoremos el diagnóstico para mejorar las respuestas y decisiones (Mª Ángeles Moreno, profesora en la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia).

Así que si los expertos en gestión del tiempo realmente quieren ayudar a las madres estresadas y cansadas deberían pasar del discurso: “no te organizas bien” (y, por tanto, es tu culpa o responsabilidad, según la dureza del discurso) a:

 “vivimos en una sociedad que penaliza ser mujer y madre en todos los niveles, incluyendo los usos del tiempo, y reconocerlo es el primer paso para empezar a buscar mejores estrategias para salir adelante. Tú no eres una inútil, no eres una pésima ama de casa, ni una mala madre. La sociedad te está fallando al no cuidar de ti y al invisibilizar tus necesidades como persona y como mujer adulta y, además, te está maltratando psicológicamente por hacerte creer que tienes un problema personal cuando de lo que se trata es de un problema social y político”.

Solo sobre esta base, sobre el reconocimiento de que no tengo un problema individual sino que soy un caso que ilustra un problema colectivo que hunde en sus raíces en el machismo, accedo a pensar en soluciones para gestionar mejor mi tiempo.

Solo entonces hablamos de cómo puedo organizarme mejor.

Pero al pan, pan y al vino, vino, Sr. Experto.

 

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