Testimonios de madres burnout, testimonios de madres valientes

La mayoría de nosotras no sabíamos lo duro que puede resultar ser madre hoy. Solo nos llegaban testimonios de crianzas de otros tiempos que no son los nuestros (nuestras madres, abuelas…) e imágenes de madres sexys que disfrutan de una conciliación familia-trabajo hasta divertida, corriendo con su vaso de café en la mano. Por eso, cuando el agotamiento, el estrés y los momentos de desesperación y soledad llaman a nuestra puerta (y créeme que lo harán) nos vemos doblemente afectadas. Primero, por el malestar psíquico y físico en sí mismo, eso que los expertos empiezan a denominar “burnout maternal”. Segundo, porque creemos que somos culpables de la situación, porque no nos organizamos bien, porque somos unas flojas, unas débiles, unas malas amas de casa, unas madres inexpertas y caóticas… Porque tenemos un problema personal.

Y, sin embargo, esta experiencia de agotamiento extremo, de lágrimas o de estrés crónico no es la excepción.  Es la norma. Y así será hasta que nos concienciemos y hagamos cargo del problema social que en verdad es.

Si la maternidad te ha explotado en las manos, si te ha puesto del revés, si ha desafiado tus límites, contar tu experiencia será algo muy positivo para ti, pues te ayudará a poner palabras a lo vivido, a comprenderlo, integrarlo y asentarlo. Ayudará también a otras madres, presentes o futuras, que podrán transitar este camino más preparadas y acompañadas y con menos ingenuidad, autocrítica y culpa.

Validemos nuestros sentimientos para celebrar la maternidad en toda su complejidad y grandeza, sin ocultar o edulcorar nada. Visibilicemos el lado más crudo para empezar a construir soluciones.

Si quieres contarnos tu historia, escríbenos a ada@armomi.com (admitimos audios también, sabemos lo que cuesta sacar tiempo para sentarse a escribir cuando tienes hijos pequeños). Y si eres un varón que materna o cuida a un bebé y estás viviendo este mismo problema, nos encantará contar también con tu testimonio.

Gracias por tu valentía.

 

Mi maternidad: de la desesperación a la semilla de la revolución

Empecé mi carrera de maternidad cuatro años antes de que mi hija naciera y digo carrera porque una vez conecté con el deseo de ser madre mi habitación se llenó de libros; libros de inteligencia emocional, de crianza, libros de autoayuda..Michel Odent, Consuelo Ruiz, Cristina Romero, Carlos González, Naomi Aldort, Rebeca Wild..y así una larga lista.

Me di cuenta de que antes de alumbrar a mi criatura debía prepararme, formarme; embarazo, parto, postparto, lactancia, crianza..

Si tuviera que buscar un símil entre la maternidad y una materia sin duda para mi sería una de esas piedras preciosas, con sus aristas, sus vértices, sus matices, sus tonos, sus diferentes caras…unas más amables, más tiernas, felices, otras más frías,  desoladoras, tristes.

Pienso en eso que dicen de que los niños nacen con un pan debajo del brazo yo más bien afirmaría que nacen con un gran espejo en el cual cada día te están mostrando esa parte de ti que menos te gusta, esa zona de alto riesgo, esa parcela donde estás desarmada viviendo al límite de tus fuerzas.

Quise hacerlo, la crianza natural, la crianza biológica, inspirada  por el concepto del continuum de Jean Liedlof, me decidí a ir más allá del bebé postrado durante horas en una hamaca comiendo cada tres horas, quería huir de métodos conductistas… Quería a mamá naturaleza.

Y llego Mai, única y maravillosa, con nieve y olor a azahar. Nació en un pueblo cerca de la sierra granadina.

Mai resultó ser una bebé de alta demanda, con una condición física muy particular, con un alto nivel de energía.

Los diez primeros meses me los tiré botando con ella encima de una pelota, la portee sin descanso día y noche, mi hija necesitaba mucho movimiento, apenas podía descansar, las noches se pasaban con grandes desvelos, lloró durante casi un año cada día a la misma hora durante gran parte de la noche. No tenía opción: o cogía al toro por los cuernos o acabaría literalmente loca de desesperación. Recuerdo que había días que no sabia con exactitud si había ido al baño o no.

En cuanto a la lactancia, los tres primeros meses fueron lo más parecido a una tortura, dolores intensos, inflamación. No entendía que podía pasar. Aquello que decían tan placentero y a mi me suponía pasar un infierno en cada enganche, lloraba en cada toma.

No quise tirar la toalla y a día de hoy mi hija sigue tomando teta con más de dos años y medio.

Me quedé con los kilos que ganaba cada mes, me quedé con sus impresionantes muslos y a partir de ahí pude continuar.

Me ha supuesto una etapa tan transformadora, tan vital y contundente que a veces pensaba que me iba a hundir, que no iba a poder mantener a flote aquella barca. Las discusiones con el padre eran continuas, muchos problemas. Quizás porque Mai llego en un momento en que la pareja todavía no estaba muy consolidada.

Pero sin saber todavía muy bien cómo, resistí, crecí, la parte más fuerte de mi acabó absorbiendo las horas sin dormir, el cansancio perenne, el estrés.

He estado sola, he pasado y paso etapas muy difíciles  y sigo en la búsqueda de la tribu, ese entorno respetuoso que me sirva de apoyo. Nadie podrá hacerse idea jamás de lo que necesité a mi familia, viviendo a mil kilómetros de distancia, pero esto es algo con lo que ya me he reconciliado, tal vez en otra vida pueda hacer las cosas de otra manera. Mi pareja ha sido fundamental (apoyo máximo con la lactancia, se enfundó el traje de nutridor y sustentador del hogar). Sin duda hubiera cambiado muchísimas cosas pero fueron mis circunstancias y sí, he hecho jardines de piedras y lodazal y todavía los sigo haciendo, esto es un no parar pero, como dice mi hermana, una vez que te subes a la montaña rusa ya no hay marcha atrás.

Mi asignatura pendiente ahora soy yo misma y ahora es en lo que estoy trabajando en paralelo con mi hija. Con el tiempo he entendido la importancia del autocuidado. También he entendido que al final todo pasa y a focalizar las etapas más duras con perspectiva. A desarrollar la paciencia hasta límites insospechados. Y lo que me queda.

Contenta de encontrarme en época de cambios, de procesos más conscientes, de crianzas más respetuosas. De que haya gente que se lo esté currando para acabar de una vez por todas con lo que nosotros hemos recibido, acallar las voces del pasado pero el camino es largo, nuestrxs hijxs las semillas y la maternidad una verdadera revolución.

Gracias a todxs los que estuvieron y están y gracias por darme la oportunidad de contar parte de mi historia.

Bárbara G.

 

 

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